El arte de decir no sin sentirte mal: poner límites es paz
- Ana Vela
- hace 10 horas
- 2 Min. de lectura
Decir no no te hace egoísta, grosera ni mala persona. Te hace honesta. Aun así, a muchos nos cuesta porque nos enseñaron que quedar bien con los demás es más importante que estar bien con nosotros mismos. Spoiler: no lo es.

Por qué nos cuesta tanto decir no
Miedo a decepcionar.
Culpa por priorizarnos.
Costumbre de decir “sí” en automático.
Pensar que explicar demasiado lo hace más aceptable.
Decir no se siente incómodo al inicio, pero decir sí cuando no quieres se siente peor y dura más.
Decir no también es una forma de cuidado
Cuando dices sí a todo:
Te sobrecargas.
Te cansas.
Te frustras.
Empiezas a resentir a los demás.
Decir no es poner un límite claro. Y los límites no alejan a las personas correctas.
Cómo decir no de forma sencilla y respetuosa
No necesitas discursos largos ni excusas elaboradas. Menos es más.
Algunas formas simples:
“Gracias por pensar en mí, pero no puedo.”
“Ahora mismo no me es posible.”
“Prefiero no hacerlo esta vez.”
“No me queda bien, gracias.”
No debes justificar tu no. Si quieres hacerlo, que sea breve.
Quita la culpa del proceso
La culpa aparece porque estás rompiendo un hábito, no porque estés haciendo algo mal. Con práctica, esa culpa baja.
Recuerda:
Tu tiempo también vale.
Descansar es válido.
Cambiar de opinión es normal.
No necesitas permiso para cuidarte.
Decir no no rompe relaciones sanas
Las personas que te respetan:
Entienden tus límites.
No te presionan.
No te hacen sentir mal por cuidarte.
Si alguien se molesta cada vez que dices no, el problema no es tu límite.
Empieza poco a poco
No tienes que volverte experta de un día para otro.
Practica con cosas pequeñas.
Di no a lo que no quieres hacer.
Escúchate más.
Cada no bien dicho es un sí a tu bienestar.
Decir no no te hace menos buena persona. Te hace más honesta contigo misma. Y eso, aunque a veces incomode, siempre suma.


Comentarios